¡Cuidado! El lenguaje no es inocente

Adriana Giannini,
Periodista e Instructora de Capacitación.
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El lenguaje es nuestra manera de expresión, y según como lo manejemos, nos comunicaremos con el mundo de manera constructiva o destructiva.


El lenguaje es un mapa de lo que interiormente imaginamos, pensamos y sentimos. Cada persona desarrolla un mapa lingüístico único, que le es más o menos útil en su comunicación consigo mismo o en su interacción con los demás.

El lenguaje se convierte en uno de los principales filtros de la realidad personal, pues a través de él expresamos identidad, valores, creencias, interpretaciones y actitudes, y describimos reacciones, comportamientos y juicios sobre nosotros mismos y sobre aquello que nos toca vivir o con quienes nos toca relacionarnos (situaciones y personas).

¿Cómo se mide nuestro lenguaje? No por la cantidad de vocablos de que dispongamos para lucirnos ante los demás. La medida del poder del lenguaje estará dada por la capacidad de influir sobre uno mismo o sobre los demás.

Los diferentes mapas del lenguaje incluyen una zona “geográfica” verbal y otra corporal y/o gestual. La persona que habla una lengua desde su nacimiento la domina hasta tal punto que no necesita reflexionar para hablar: lo hace automáticamente o inconscientemente. Uno puede ser consciente de lo que dice, pero no de cómo lo dice.

Y aquí llegamos al nudo de la cuestión. Es más importante cómo se dice algo, que lo que se dice. Sí, leyó bien. Y esto los grandes oradores lo saben.

Si yo me dirijo a usted diciéndole que estoy muy bien, que todo va a andar bien, que voy a salir triunfante de una situación... y mientras se lo digo mi voz se va apagando, mi postura está encorvada, miro hacia el suelo, mis ojos están opacos y el tono de mi voz es monocorde, usted diría enseguida: “Esta persona miente” o “¿Cómo va lograr lo que dice, con semejante ánimo?”

Es mucho más importante lo que se dice con el cuerpo, con la postura, con la sonrisa o el disgusto, con los matices de la voz, con los ademanes, con la alegría o la tristeza que denotan las palabras... que con el texto que se pronuncia.

Sí, es más importante la forma que el contenido.

En el lenguaje, lo verbal representa un mínimo porcentaje frente al poder de lo corporal y de todo lo que sea no verbal. Por eso, muchas veces salimos confusos de una entrevista de trabajo, sin saber por qué no fuimos citados para una segunda oportunidad. Recordamos lo que dijimos y nos parece apropiado, pero tal vez no nos detenemos en el cómo lo dijimos.

¿Cómo nos sentamos? ¿Miramos a los ojos a nuestro interlocutor? ¿Hablamos convencidos de nuestras capacidades o miramos hacia abajo, denotando vergüenza e inseguridad?

Nosotros no lo recordamos, pero nuestro entrevistador seguro que sí. Y a la hora de decidir, se basará preferentemente en nuestros gestos, en nuestra manera de saludar, de caminar, de sonreír, de hablar de nosotros mismos, de escuchar o de despedirnos.

Pongamos un ejemplo simple: Un mismo chiste contado por dos personas puede ser muy cómico o resultar un fracaso. ¿Qué es lo que prevalece? ¿El contenido? No, porque el texto del chiste es el mismo en ambos casos. Pero uno lo cuenta con gracia y ademanes, poniéndole sus recursos personales, y el otro lo recita de manera monótona y hasta se olvida del texto. No vemos la hora de que termine, mientras que en el primer caso lo disfrutamos. Pero más que del chiste en sí, disfrutamos de su relato y de la persona. ¿Se entiende cuál es la diferencia?

La próxima vez que tengamos una cita de trabajo, de negocios o afectiva, recordemos que nuestro lenguaje corporal y gestual dice mucho más que nuestras palabras. Y si sabemos manejarlo, no necesitaremos hablar demasiado para lograr nuestros objetivos. Bastará con que conozcamos la oportunidad de una frase, de un tono de voz, de una mirada franca o huidiza; la firmeza de un apretón de manos y la seguridad con que hablamos de nosotros mismos y de nuestras cualidades.

Otra vez, la actitud

Esos gestos, movimientos, timbres de voz y matices, conforman la actitud que destruye o genera relaciones, que las hace perdurar o que provoca que se alejen definitivamente, que logra lo que desea o fracasa reiteradamente.

La buena presencia que se pide en los avisos clasificados es todo eso, no necesariamente la vestimenta. Aunque a veces el buen traje puede ayudar en un principio, nunca compensa la falta de una actitud dispuesta a conquistarlo todo.
Adriana Giannini es Periodista y Docente Universitaria, así como Instructora de Capacitación especializada en técnicas de management y en formación de vendedores, supervisores y gerentes, con amplia experiencia en esos campos. En el mundo corporativo se ha desempeñado como Gerente de Producto, y ha desarrollado programas de información de mercado para niveles directivos. Como periodista tiene participación en medios masivos y editoriales de Argentina, España y otros países. Adriana Giannini reside en Argentina. Para contactarla, hágalo por medio de la siguiente dirección:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (Derechos Reservados Autora y U-Ventas.)

Olman Martínez

Director de la Universidad de las Ventas.

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