Sobre liderazgo empresarial y misión cumplida

 

Columna “Hablando Claro”
Periodista Vilma Ibarra
Periódico La República, de Costa Rica.
Publicado el 22 de junio de 2005.

Prácticamente cualquier persona que reúna ciertos requisitos mínimos puede llegar a ser jefe. Pero ser líder es otra cosa. El verdadero liderazgo está reservado a seres humanos con cualidades muy particulares y quienes en calidad de subalternos tenemos la oportunidad de realizar un trabajo con un verdadero líder al frente, siempre que lo queramos y pongamos nuestro mejor esfuerzo, podremos optar por la vía de un crecimiento personal y profesional de enorme satisfacción e intensa realización. Y de qué, sino de eso, se trata gran parte de la vida?

Precisamente por ello, contar con un legítimo líder como jefe no tiene precio. Los especialistas dicen que el sueño más poderoso de un líder es el de una visión de lo perfecto para lograr que todos puedan alcanzar la excelencia. Dicen también que los verdaderos líderes impulsan los sueños como si fueran realidad e impulsan a los demás a actuar con un entusiasmo contagioso. Es cierto.

En los últimos dos años y medio de mi actividad profesional tuve la enorme fortuna de conocer y trabajar con un líder (porque un líder no hace que la gente trabaje para él sino que él trabaja con su gente) Y más allá de los textos, pude encontrar en él, todas las definiciones posibles del significado del líder y del ejercicio del liderazgo efectivo y eficaz.

Paralelamente con sus objetivos de consolidación y crecimiento empresarial, ese líder siempre estuvo presto a responder a las necesidades de crecimiento de su gente. Creyó firmemente en que si su gente lograba alcanzar metas y triunfaba, la organización sería fuerte y crecería, y por eso, siempre respondía a las necesidades de su gente.

Obviamente, eso significaba que, no importaba cuál fuera la carga de trabajo o el agobio de las circunstancias, él como un verdadero líder siempre estaba dispuesto a escuchar, a brindar apoyo, a dar una voz de aliento, a interesarse y preocuparse genuinamente por la madre, la esposa o el hijo enfermo; de modo que fue siempre exigente para que sus colaboradores fuera capaces de explotar el potencial que muchas veces solo él podía advertir en cada uno, pero al mismo tiempo, resultaba admirable constatar que su criterio para exigir buenos resultados nunca reñía con su sonrisa afable y una ecuanimidad envidiable que lo hacían ver extremadamente humano y comprensivo.

En estos días, mi jefe líder fue ascendido a una nueva posición y nos dejó. Conociéndolo, es seguro que será capaz de impulsar nuevos sueños para convertirlos también en realidad como la empresa para la que yo trabajo. Es seguro que hará crecer en ese nuevo sueño a muchas personas más en cualquier otra parte del mundo donde sus capacidades lo coloquen. Mis compañeros y yo extrañamos las discusiones con él, extrañamos las enseñanzas, la sabiduría y el afecto. Sí, porque aunque los líderes a veces deben sacrificar el afecto por el respeto, algunos pocos logran obtener el respeto y ganar también el afecto.

Por eso ahora entiendo que un verdadero líder es aquel que no solo predica con el ejemplo, sino que es realmente un ser humano excepcional que tiene la capacidad de impulsar a la gente más allá de lo imaginable. Por eso, un verdadero líder deja una profunda huella en las vidas que toca.

Olman Martínez

Director de la Universidad de las Ventas.

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